(CD: ding / dong)
El primer alfabeto que se conserva fue descubierto en la antigua ciudad de Ugarit, al norte de Siria. Thomas Beimel se inspira en él para crear un cuarteto de cuerdas con el mismo nombre, transformando la antigua
escritura cuneiforme en formas musicales cautivadoras. Podría parecer algo contradictorio la elección de un ensamble musical tradicional, pero la compacta densidad del arreglo para cuerdas dota a “Ugarit” de un impacto considerable.
“Ugarit” traslada a la audiencia a paisajes sonoros que se mantienen, en un equilibrio inquietante, entre lo familiar y lo desconocido –como llamadas de lejos que se acercan y se alejan cual aparentes gigantes acústicos. Beimel logra
en parte este efecto por la concentrada interpretación del Sonar Quartet, el cual explora a la perfección los procesos dinámicos.
Como se puede apreciar en otras composiciones, el amplio espectro creativo de Beimel es impresionante.
Su “concertino” para viola y cuarteto de cuerdas (con Werner Dickel, viola, y la Wuppertal Sinfonietta bajo la dirección de Reinmar Neuner) tiene cierta relación sonora con “Ugarit”, aunque es menos impactante. Esta obra nace de un
punto de partida totalmente distinto: el uso de una idea musical simple que con “sutil ironía” construye una compleja estructura de pistas falsas, indicios ambiguos y deformaciones.
Egbert Hiller, Neue Zeitschrift für Musik, Enero 2012
(CD: tanâvar)
El vibráfono desarrolla un diálogo consigo mismo; dos diferentes señales de tambor actúan como ecos alternantes; un acordeón y un órgano portátil se complementan el uno al otro pero manteniendo una distancia que les distingue; y la flauta, el trombón y la voz se unen al trio de forma controvertida. Ésta es la música de Thomas Beimel. Su sonido distintivo es a la vez discreto y elocuente, y al mismo tiempo lineal. El ajetreo, el ruido y las poses del circuito del festival se alejan de su estilo. (…) La comunicación está en el núcleo de la obra del compositor de Wuppertal y de su filosofía. El unísono tiene un gran valor para él. Frecuentemente, las voces y los instrumentos interactúan sólo de forma transitoria. Este recurso se aprecia claramente en la pieza que da nombre al CD “tanâvar”, una canción de amor uzbeka. La flauta, el trombón y la mezzosoprano sólo se relacionan esporádicamente. Sin embargo, el sonido creado es fascinante. El amor, el secreto y posible título alternativo del disco, es definido por el compositor como disonancia viviente. (…) Esto se expresa en la larga declamación de 17 minutos en forma de vibratos, glissandos y progresiones microtonales, más que como folklore. Estos elementos se combinan para crear una melodía casi interminable que aunque mantiene la distancia se hace sentir muy cercana.
Frank Kämpfer, nmz-online, Diciembre 2008
(CD: mneme)
En las siete obras, todas escritas a partir del 2000, la música parece al habla. Incluso en melos, un dueto para timbales, la articulación casi idiomática llama la atención. Del ir y venir que se establece entre lo percusivo y
lo melódico, nace la conversación sonora. (...) Y siempre renovado aparece un cantus firmus y cánones entretejidos. Estas estructuras se dirigen – en contra de todas las tendencias – hacia una disolución del contorno sonoro, algo háptico casi carnal. Y, sin embargo, también el oyente no iniciado puede comprender la música en cada momento. Todas las obras se desarrollan en una atmósfera de un fervor contenido, contemplativo pero también desastroso. Especialmente en los momentos del anhelo, los aspectos casi románticos de los recuerdos, la súplica, la pérdida y la búsqueda de una reunión están siempre intensamente presentes – desprovistas de una falsa vehemencia o de estereotipos.
Bernhard Uske, en ”Das Orchester” (Schott), Maguncia, octubre 2005
(Knittel: ein Paartanz)
La obra está inspirada en la dura vida de la montaña y en el personaje que aparece bajo el nombre de “Geierwally”, desde mucho tiempo conocido en novela, cine, teatro y ópera, que trata sobre el destino de una mujer real : la desconocida pintora Anna Steiner-Knittel.
La producción músico-teatral “Knittel-ein Paartanz” dispersa, e incluso sublima, las palabras en la música, mientras que la viola suena para la danza. Esta producción traspasa las fronteras estéticas como ninguna otra.
Dietmar N. Schmidt, notas del programa del ”Impulse- Festival”, enero 2004
(faltenbalg)
El compositor investigó meticulosamente el potencial de esta instrumentación. La obra no pretende imponer una masa sonora sino que desarrolar estructuras y figuras delicadas. Cada intérprete crea sonidos mantenidos que se superponen hasta forman acordes que se abren en forma de un abanico, imitando al propio instrumento - el acordeón.
Sorprendentemente la imagen sonora se acerca no solo al de los sonidos agudos del órgano sino también produce la impresión de una música electroacústica (...)
“faltenbalg” es una obra exigente, que requiere atención del publico y les ofrece nuevas experiencias del sonido y del espacio.
Meike Nordmeyer, Westdeutsche Zeitung, Düsseldorf, al 20 de febrero de 2002
(mneme)
La confrontación de lineas muy emocionales con una materia sonora indefinida, superficies y glissandos mantenidos, sonidos mezclados con ruidos a veces casi inaudibles produce una fascinación hipnótica.
Sebastian Pantel, Westdeutsche Zeitung, Wuppertal, Alemania, 19 de noviembre de 2001
(Zwei Augen / Sternverdunklung)
Compartiendo la fuerza sugestiva de los versos de Lorca, el compositor alemán realiza en su obra “Zwei Augen/ Sternverdunklung” una música sensible y rafinada (...): un estato etéreo en que los
mundos reales y metafísicos se superponen.
Doina Rotaru, Actualitatea muzicala, Bucarest, Rumania, junio de 2000
(Idyllen)
Introvertida a la vez que irónica, la música de “Idyllen” crea un fuerte efecto y constituye una excelente experiencia teatral. Los autores desarrolan un dinámico y denso tejido sonoro que sorprende por su intensidad y calidad orgánica: una mezcla explosiva.
Ingo Hoddick, “Das Orchester”, Maguncia, marzo de 2000
(Die Affäre Klytaimestra)
Thomas Beimel y Michael Schneider han recreado la historia de Clitemnestra: proponiendo un viaje vertiginoso através de la saga de los Átridas.
Mediante un “collage” de textos de la Orestía, canción alemana de los años veinte y expresiones cotidianas crean un juego expresionista.
Britta Zelin, Wupper-Nachrichten, Nr. 18 - 1995
Thomas Beimel
